Normalmente las soluciones en la vida son bastantes más divergentes a lo que comúnmente se nos ha enseñado, estas nunca son el resultado exacto de una operación aritmética, no son convergentes son divergentes.
Todas las materias aprendidas en nuestro sistema educacional enseñan a buscar esa solución única al problema, pero existen varias alternativas dependiendo de la arista con que se le mire. Por ende hay que asumir riesgos y costos alternativos. Y esa forma de pensar no está en los colegios y universidades. Constantemente estamos esperando ser dirigidos y la dirección cercena la creatividad. La gente que no tiene una cultura emprendedora, inquieta, de exploración y aventuras tiene por lo general poco sentido de creatividad.
La aventura como forma de aprendizaje es tan eficaz y a tal punto influyente que la imagen de llegar a la cumbre por la parte difícil, es decir lograr el desarrollo a través del esfuerzo, del riesgo y del aprender de la derrota es hoy de uso corriente en el ámbito empresarial. Incluso existe la certeza que es la única ruta efectiva.